Por Saúl Rodríguez de la Paz

Proyectos relacionados con el ámbito social y político desde una perspectiva sonora, y el empleo de las nuevas tecnologías, fueron la constante dentro del primer día de actividades académicas en el decimocuarto Festival Visiones Sonoras, celebrado en la UNAM Campus Morelia.

            La jornada empezó con la presentación de Edmar Soria titulada Espacio-timbre en la música multicanal: consideraciones teórico-computacionales, un tema relacionado con su tesis doctoral, donde planteó una hipótesis sobre la indisolubilidad entre el espacio y el timbre. Soria formuló cuestiones que deambulaban entre el cómo funciona el espacio como un elemento composicional, cómo se mueve el sonido en una pieza multicanal en la electroacústica y cómo es la relación del espacio versus otros componentes. Este camino lo llevó a trabajar en una investigación sobre las integraciones psicoacúticas de las representaciones sonoras.

            La segunda intervención corrió a cargo de Saúl Rodríguez y su proyecto Tulitas, que en síntesis aboga por el registro de la sonoridad social y el rescate de la memoria colectiva de colonias ubicadas al poniente de la ciudad de Torreón. Rodríguez empleó el uso de entrevistas a vecinos mayores de 60 años de edad y realizó registros sonoros en este polígono para retratar su paisaje. Su obra posee una narrativa que intenta trabajar con la memoria, símil a cuando se golpea un objeto y este reacciona emitiendo sonido.

            Enseguida, el compositor constarricense Otto Castro presentó sus trabajos de paisajes sonoros imaginarios, los cuales construye a través algoritmos aplicados en códigos informáticos. Estos suponen paisajes virtuales que tienen la asistencia de la tecnología. Para su elaboración, Castro emplea sonidos concretos y los procesa a través de estrategias compositivas.

            La charla contigua abordó el tema de los movimientos telúricos y sus emisiones sonoras. El ponente de dicho espacio fue Antonio Domínguez, quien se dedica a trabajar con el fenómeno de los terremotos. El investigador destacó que los sismos producen ondas por debajo de los 10 hertz, por lo tanto son inaudibles para el oído humano. Sin embargo, presentó un espectro sonoro de sismos acelerados unas 10 mil veces para que puedan ser escuchados.

            Habló también de la diferencia entre los sismos naturales y los sismos provocados por las pruebas de armas nucleares. Destacó que los primeros suceden a mucha mayor profundidad que los segundos y agregó que las ondas sonoras de los terremotos son estudiadas por países rivales para saber si alguna nación  está haciendo prácticas con este tipo de armamento bélico.

            Después del primer descanso, el francés Simon Nicolas impartió su ponencia Resonance(s), seguido por el mexicano Mario Duarte, quien trabajó con jóvenes de primaria, secundaria y preparatoria, pertenecientes a las comunidades aledañas de Morelia, para su apreciación sobre la música electroacústica. Duarte se cuestionó cómo fue el proceso de las lecciones de música antes, durante y después de las clases y cómo cambió la percepción de los jóvenes respecto al proceso de creación musical.

            Otra intervención interesante fue la del canadiense Matheos Zaharopoulos, cuyo trabajo se cimbró en la exploración sonora de un terremoto sucedido en 1953 en la isla griega de Kefalonia. El proyecto contactó con 10 sobrevivientes del sismo, cuyos testimonios se documentaron  y además se reunió información sonora de manera improvisada durante 27 días. La meta de Zaraharopulos fue registrar estas historias de vida y explorar en la cultura de la isla.

            Al volver de la comida, la canadiense Danielle Savage dio cátedra de cómo el imperialismo ha empleado el sonido de diferentes formas para generar hábitos consumistas, reforzar ideologías nacionalistas y emplearlo en el uso de torturas y estrategias militares. En su ponencia, dio paso a varias ideas que comprenden al ruido como poder, el ruido como herramienta de consumo y el sonido como imperialismo cultural.

            A continuación, el chileno Federico Schumacher habló del estudio desde la experiencia de la música y de cómo esta funciona en el hábito del escucha. El compositor explicó que la información se aloja en la experiencia que nosotros tenemos de la música. Desde dicho punto partió para concluir que las preguntas que se pueden realizar respecto a una obra de música popular no son las mismas que se deben aplicar respecto a la escucha de una obra electroacústica cuya morfología y relación con el auditorio es más compleja.

            Por último, Gayle Young y Simon Pierre cerraron este primer ciclo de conferencias con sus proyectos encaminados al empleo de las nuevas tecnologías, para finalmente dar cabida al segundo concierto del festival donde se presentaron obras de Pablo Rubio, Tonalli Nakamura y Emilio Hernández, Danielle Savage, Tseng Yu-chung, Riccardo Massari y Francisco Colasanto. Además de las interpretaciones a cargo de la Taiwan Little Big Orchestra y la The Little Giant Chinese Chamber Orchestra.

 

Comments

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *