Por Saúl Rodríguez de la Paz

En la antigüedad helénica se concebía al tiempo como algo circular y no lineal. Un elemento que se encuentra a sí mismo en cada revolución, que gira sobre su propio eje. El tiempo, más allá del verdugo lineal que significa para el humano contemporáneo, significaba para los griegos el movimiento de la eternidad.

 

Cuando se emite un sonido, su existencia física es efímera, empieza y termina en un lapso de duración. Sin embargo, cuando es registrado por los oídos de un ser vivo, el espíritu del sonido se graba en sus cerebros para poder ser reproducido en cualquier instante. Es una fotografía sonora que se contempla por los sentidos. El sonido se vuelve eterno.

 

La eternidad no puede comprenderse sin la vida. La eternidad sonora no puede entenderse sin el sonido. Los demiurgos de las frecuencias poseen este conocimiento, ya sea consiente o inconscientemente, y lo echan a andar. El Festival Visiones Sonoras y sus participantes, a lo largo de catorce ciclos, parecen alejarse de la mortalidad lineal y adoptar un tiempo circular donde se encuentran a sí mismos, pero siempre evolucionado ante las adversidades.

 

Así, el último día del catorceavo festival moreliano inició sus actividades. La mañana abrió con las intervenciones de Erik Martínez con su ponencia Electroacústica Aplicada, seguida del compositor costarricense Otto Castro, quién presentó un par de discos publicados por la Red de Arte Sonoro Latinoamericano, donde Castro realizó la curaduría y la coordinación de ambos proyectos; para después cerrar el primer bloque con Sound arts and sound poetry as phenomenological practices de Frank Dufour.

 

Al regresar del descanso, tuvo lugar una de las pláticas más esperadas del festival: Interacciones electroacústicas por Ricardo Dal Farra. El compositor argentino dio cátedra del poder que se afinca en la música y en el arte, y cómo la improvisación en estos campos resulta ser siempre un desafío.

 

Enseguida, Riccardo Massari habló sobre las bases metafóricas sobre las cuales construyó su obra Butes, aquel mito helénico del argonauta que se arrojó a lo desconocido del  tras escuchar el canto de las sirenas. Massari subrayó, en su pieza, la exploración de este mundo oculto. En su barca sonora, él se vio como una especie de Butes, que en vez de huir se preocupó por lo que estaba sucediendo. Asimismo, invitó al auditorio a apreciar a la música como un fenómeno propio del paisaje sonoro y no al revés.

 

Antes de la comida, Francisco Colasanto explicó las técnicas y estrategias que utiliza para componer sus obras a base de distintos algoritmos, tema que también forma parte de su tesis doctoral. Colasanto mostró las funciones de algunos de sus patches,

 

Tras volver del receso, Jorge Mario Díaz y Rodrigo Iván Díaz charlaron sobre la situación actual del arte sonoro en Colombia y compartieron trabajos de los artistas David Vélez, Alba Fernández y Mauricio Bejarano. Por su parte, el mexicano Galo González presentó su álbum Monochrome, proyecto financiado por la beca del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico PECDA 2015 del Estado de Morelos.

 

Siguiendo con las ponencias latinoamericanas, Jorge Gregorio García Moncada sorprendió con al dialogar sobre su obra inspirada en los conflictos acontecidos en Bogotá el 9 de abril de 1948 que incluyeron el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, líder del Partido Liberal. En su trabajo, Moncada aplicó entrevistas a personas que tuvieron relación con el suceso, en una lucha por rescatar datos de la amnesia cultural.

 

En la recta final, el reconocido compositor Hebert Vázquez presentó el álbum del guitarrista Pablo Garibay, quien también describió el proceso del mismo. Al terminat, Simon Emmerson cerró las conferencias con Poetics and Electronics.

 

Al igual que el día anterior, para el sábado se ofrecieron dos conciertos. El primero de ellos, efectuado en el salón F001 de la ENES, se presentaron obras de Mario Duarte, Xavier Tremblay, Houshang Koochaki, Eduardo Palacio, y Frank Dufour.

 

En el segundo espectáculo, efectuado en el auditorio del Rodrigo Sigal, director del Festival Visiones Sonoras, agradeció a la UNAM, especialmente a la ENES por el apoyo dado al evento y las facilidades otorgadas al utilizar sus instalaciones, así como a la Secretaria de Cultura del Estado de Michoacán, a la Secretaría de Cultura Federal, a la Embajada de Francia en México y a las universidades e instituciones académicas que dieron su apoyo para que compositores extranjeros pudiesen asistir a esta cita auditiva.

 

“Al final Visiones Sonoras se convierte en una red que trata de poner partes del entorno para que haya una reflexión en torno a la música, a las tecnologías y a las artes. Yo creo que en la situación en la que estamos, sobre todo en México, es la cultura la que está peleada no nada más con los recursos, sino con la apatía y las pocas posibilidades que tiene de encontrar nuevas vertientes”, puntualizó Sigal.

 

Para el cierre de la noche, las obras de Simon-Pierre Gourd, Gayle Young, Federico Schumacher, la emotividad en la pieza de Jorge Gregorio García Moncada y el espíritu del intrépido Butes en la de Riccardo Massari, terminaron con la cinta que daba oxígeno a la noche.

 

Así, bajo el llanto del cielo moreliano, que siempre está acorde a las despedidas, terminó otra edición más de Visiones Sonoras, el festival que surca en la tormenta y llega siempre a salvo a los muelles del arte. El tiempo circular inicia otra vuelta, en 365 días los visionarios de la música volverán a encontrarse con su espíritu.

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